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» [5E]Cuando aparece la primera estrella [Cap. 1]
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Sunset Mensaje Mie Jul 10, 2013 4:59 pm
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Título del mensaje: [5E]Cuando aparece la primera estrella [Cap. 1]




Bienvenidos al fan fic de 5E, "Cuando aparece la primera estrella: Historias de Polaris". En ella, se narrará la llegada de una chica a Polaris, una ciudad inventada situada en la región de Leona donde abundan las historias, cuentos y leyendas urbanas, y lo que le espera en ella. En principio, los personajes serán todos originales, a excepción de algún que otro guiño, pero es muy pronto para descartar cosas. En cuanto a trama, la podemos englobar en los géneros de misterio, acción y fantasía al estar ambientada en 5E principalmente. No daré más datos por ahora :3

Iré posteando los capítulos en el primer post y avisaré en el tema cuando haya uno nuevo. También aviso de que me suele costar escribir porque mi tiempo no es todo el que quisiera y estoy enfrascado en otros proyectos, así que agradecería que si a alguien le gusta mi historia no presionara para saber cuando saldrá el siguiente capítulo.

Sin mucho más que decir, os dejo con el prólogo. Espero vuestros comentarios y opiniones, así como agradecería enormemente correcciones sobre ortografía o gramática si veis algún fallo y tenéis tiempo para señalarlo (sí, en serio, no estoy loco... no demasiado (?)) o incoherencias en la historia. Espero que os divirtáis leyéndola ^^


Prólogo: Polaris



Prólogo:

Polaris



Alpha Ursae Minoris. La estrella polar. Durante mucho tiempo, considerada la primera estrella que aparece en el firmamento. Aunque teóricamente tampoco es incorrecto del todo. Después de todo, la luz que inicia la marcha de las estrellas hasta nuestro cielo no es una estrella en sí, si no un planeta; Venus. Pero eso no es importante. Lo que importa es que está ahí arriba.


Era ya noche cerrada cuando llegué al fin a la colina que tanto esfuerzo me había costado subir. Me quité la mochila que cargaba pesadamente a mis hombros y la dejé caer con un sonoro ruido; apenas me hube liberado de su peso, cuando un sincero suspiro se escapó de mis labios, cayendo sobre la hierba, agotada por el cansancio.

“No debería estar haciendo esto”.

Ese fue el pensamiento que recorrió mi mente en ese preciso instante. Y era cierto. Pero no podía aguantarme las ganas. Tenía que comprobarlo por mí misma. La primera noche que pasaba en aquella ciudad, sin poder esperarme ni un mísero día, debía saber si todos esos rumores eran ciertos. Porque sí, para qué negarlo, esta era una ciudad de rumores. Rumores sobre bestias, rumores sobre promesas del pasado incumplidas, rumores sobre la oscuridad detrás de la oscuridad... pero solamente había un rumor que me interesaba.

Me semi-incorporé, agarrando mi bolsa de acampada y abriéndola rápidamente. Saqué una gigantesca manta color bermellón y la desdoblé levantándome del suelo, aún algo cansada, para extenderla sobre el tapiz verde oscuro que era la hierba en esos instantes a causa de la penumbra del lugar.
Ni una sola luz alumbraba aquel sitio. No había farolas, no había linternas, no había nada. Ni siquiera Luna que iluminara los senderos de bajada de aquel lugar. En otros momentos, tal vez me hubiera molestado, pero esta vez no había razón. Mis ojos finalmente se habían acostumbrado a la oscuridad, y eso era todo lo que necesitaba.

Una vez me aseguré de sujetar la manta sobre la que me iba a tumbar con piedras en sus extremos, me abalancé sobre ella, pasé mis brazos por detrás de mi cabeza, apartando mi pelo azul cielo y usándolos como almohada —no demasiado cómoda, debo decir— y miré hacia arriba. Un paisaje de luceros tendidos sobre el firmamento inundaba mi vista. Un cúmulo de estrellas inmensamente grande, cuya formación recordaba a una gigantesca e infinita nube estelar que avanzaba hacia el horizonte se encontraba por encima de mi cabeza, imponente. A su lado, múltiples estrellas la acompañaban, formando las más diversas figuras. Distinguí el ala de la constelación del Cisne y la flecha de Sagitario. Distinguí la osa mayor, y, siguiéndola con la vista, cercana a ella, hallé la osa menor. Y allí la distinguí también. Resplandeciendo como ninguna otra… la estrella polar.

Sonreí. Los rumores habían resultado ser ciertos.
Confiando en ellos, no me llevé telescopio aquella noche. El rumor de que en la colina de detrás de la ciudad, esquivando la, ya de por sí escasa, contaminación lumínica de esta, se hallaba la llamada Colina de las Estrellas. Un lugar donde poder ver las estrellas en todo su esplendor, donde se podía distinguir las constelaciones a simple vista, donde la noche resplandecía como en ningún otro sitio. De repente, una luz efímera cruzó el firmamento. Sonreí divertida y cerré los ojos.

—Gracias por tu bienvenida, Polaris.

Polaris. La ciudad de los rumores y las leyendas urbanas. La ciudad de las estrellas. La ciudad donde comenzaría mi nueva vida escolar.

La ciudad donde nada era lo que parecía en un principio.


Capítulo 1: Lo que precedió a ese día normal y diferente a la vez



Capítulo 1

Lo que precedió a ese día normal y diferente a la vez



Si hubiera sabido lo que me esperaba al levantarme aquella mañana, probablemente jamás hubiera salido de la cama. Pero no lo sabía, así que aquella mañana del trece de septiembre, tras varios intentos del despertador para sacarme de la comodidad de mi búnker de sábanas, tuve que hacer acopio de mi fuerza de voluntad para levantarme. Los párpados me pesaban y la cabeza me dolía ligeramente por la falta de sueño. ¿Hasta qué hora me había quedado ayer admirando el cielo de la colina? No quería saber la respuesta. Y tampoco quería que mis padres la supieran. Después de todo, me escapé de casa cuando ellos no me dejaban salir.

Fui camino al armario a por la ropa que me pondría esa mañana, cuando vi que llevaba puesta la ropa de calle con la que había salido anoche. Suspiré y me cambié pesadamente por algo que no estuviera manchado de hierba, apartando la que llevaba en una esquina para tirarla a lavar en cuanto volviera. Me puse una camiseta azul clarito con una estrella fugaz plateada atravesándola de esquina a esquina y un pantalón blanco, a juego con el reloj digital de muñeca, del mismo color. Acto seguido, me aparté el pelo que se me había metido por el cuello de la camiseta y lo deje caer por mi espalda como una cascada de agua, por su color azul cielo. Cargué al hombro mi mochila y tras pasar como una centella por la cocina y beberme un vaso de leche de forma apurada junto a un par de cookies que me metí en la boca y despedirme de mi padre y mi hermano, emprendí mi carrera hacia el instituto. Mi primer día de instituto. Estaba impaciente.


Polaris era una ciudad curiosa. Lejos de la monotonía de edificios grises clavados sobre pavimento sin vida, sus calles refulgían con luz propia. Había verde por todas partes; árboles, flores y arbustos poblaban cada rincón apartado de las calles, mientras el resto lo ocupaba un gran paseo peatonal. Las farolas azabaches apagadas, situadas a los extremos del mismo, anunciaban que el periodo nocturno se había acabado, a pesar de que la Luna todavía seguía visible en el firmamento en cielo de mañana de aquella ciudad. Las nubes blancas inundaban la visión del mosaico azul. Gigantescos cúmulos anunciaban lluvia próxima, podía sentirlo en mi piel. Miré el reloj, nerviosa. Estaba a cinco minutos de entrar y me faltaba la mitad del camino. Suspiré y observé a mi alrededor. Apenas había gente en la calle, después de todo eran cerca de las ocho de la mañana. Inspiré profundamente y al instante sentí como si todo mi cuerpo se cargara de energía. Cerré los ojos y me lleve las manos al pecho. No existía nada a mi alrededor, excepto el aire.

El aire. En él, arrastra agua, gotas suspendidas en el ambiente, tan pequeñas que son imposibles de ver, de observar. Pero al igual que muchas cosas de este mundo, están ahí.

—¡Cuerpo neblinoso! LEVEL ONE!

Me sentí ligera, libre. Siempre me pasaba igual. Tenía los ojos cerrados, pero podía sentir cada parte de mi cuerpo desprenderse de mi ser y adquirir una nueva forma. La sensación, como siempre, era extraña. Primero un ligero cosquilleo al que seguía el sentir como mis miembros desaparecían y eran remplazados por una masa liviana y grácil, a pesar de en todo momento seguían allí. Ese pequeño impulso seguía subiendo por mi espalda y llegaba hasta el cerebro, donde se intensificaba y sacudía ligeramente mi cuerpo, todo en menos de un segundo a ojos de los espectadores casuales, pero para mí parecían minutos enteros. Abrí los ojos. Mis manos y todo mi cuerpo en sí mismo se había vuelto blanco y esponjoso. Eran una nube. Yo era una nube. Di un paso y detuve mi pie en el aire. Otro con la otra pierna, que alcanzó al primero. Sin embargo, ninguno de los dos descendió. Y otro paso hacia arriba, y otro, y otro, y otro… Ascendía por el aire en una escalinata invisible hacia el cielo. Si pasaba por encima de las calles y edificios podría llegar al instituto a tiempo sin problemas.

Corrí y corrí por el cielo. Era algo único que había podido experimentar hacía poco, cuando aprendí a dominar mis poderes como elemental. Antes de venir aquí, iba a un colegio privado donde me había iniciado en la escuela de los cinco niveles, pero mi curiosidad me empujaba más allá. Quise saber más sobre mí, sobre mi elemento, sobre el mundo. Y eso me llevó a recorrer cientos, miles de bibliotecas, archivos y tomar apuntes y notas sobre todo lo que me rodeaba hasta quedar exhausta. Y, finalmente, había conseguido dominar mi level one de una forma en la que solamente yo era capaz. No importa que tu elemento sea común o no. Lo que importa es usarlo de una manera que sea única, solamente tuya. Ahí es donde está el verdadero poder. O al menos, eso decía mi madre.


Al final, vislumbré el gran edificio que era el instituto, rodeado por una gran pared de ladrillo y una verja cerrada, o más bien, que se acababa de cerrar. No había llegado a tiempo.
Decidí que lo mejor sería saltarla y tratar de llegar a la puerta, atravesando el patio de recreo, así que caminé por encima de ella e hice desaparecer mi forma nubosa cuando estuve a suficiente altura del suelo, pero apenas hube vuelto de nuevo a mi estado normal, cuando sentí algo raro, sólido, en mi pie, en mitad del aire, seguido de un profundo quejido. Caí a peso a la superficie del patio y observé que seguía sosteniéndome en el aire, algo extraño puesto que no debería ser capaz de hacerlo. De repente, un cuerpo apareció de la nada bajo mis pies.

—¡¿Quieres hacer el favor de quitarte de encima?! Duele, ¿sabes?
—Pe-perdón —tartamudeé por la impresión, disculpándome a modo de acto reflejo, a la vez que me quitaba de su espalda, sobre la que había aterrizado.

Mascullando insultos, se levantó sacudiéndose el polvo y me miró. Era un poco más alta que yo, metro setenta, tal vez. Una melena rubia recogida en una coleta resplandecía con un tono claro a su espalda. El mechón de su frente se balanceó ligeramente cuando alzó la cabeza. Llevaba puesto una camiseta amarillo huevo con bordados por todas partes, cuyo cuello acabado en punta con botones a los laterales dejaba entrever una piel clara y pálida. Sus pantalones vaqueros de amarillo oscuro combinaban con el brillantísimo dorado de sus pupilas y la pulsera blanca de tela que llevaba en uno de sus brazos. Se apartó el pelo que le caía por los hombros y me miró desafiante.

—¿De dónde demonios has salido tú? —dijo rascándose la nuca, estudiándome con la mirada.
—Yo… —señalé hacia arriba con un dedo— …he venido del cielo. Y yo podría preguntarte lo mismo. No había nadie en el patio, ¿de dónde has salido? —añadí con tono de reproche.
—¿Del cielo? Venga ya, como si pudieras volar —contestó prepotente, ignorando mi pregunta, a pesar de que ya me había hecho una idea después del estupor inicial.
—En realidad no es volar… es caminar sobre el aire.

La expresión de su cara denotaba claro escepticismo.

—Verás, el aire tiene en él partículas de agua suspendidas infinitamente pequeñas, tanto que no caen al suelo —expliqué acompañándome de gestos de mis manos—. Es algo parecido a lo que pasa con las nubes. En mi forma nubosa, convierto mi cuerpo en ese tipo de partículas y así puedo caminar por el aire tal como flotan las nubes en el cielo. En realidad, también contiene partículas de polvo y algunos componentes nocivos que…
—Vale, vale, sabionda, me ha quedado claro —contestó con desdén—. Pero por mucha explicación que des, no estoy sorprendida. Simplemente es… inusual. Sí, eso. Es inusual ver elementales caminando por el aire.
—La verdad es que hay poco tráfico ahí arriba, sí. Siempre y cuando no me cuele en un avión.

Silencio.

—Eso… ¿era un chiste?
—Más bien un intento de.
—Me parecía. Como sea, no es tan increíble, si lo comparas con mi habilidad. Es…
—Reflejar la luz, ¿verdad? —corté, impaciente por saber si me teoría era acertada—. Así has logrado tu invisibilidad. Eres una elemental de luz.

Ahora sí que la había dejado completamente atónita. Me observaba con la mirada como platos. ¿Tan raro era que lo hubiera adivinado así de deprisa? A mí no me parecía gran cosa.

—¿Cómo…? ¿Cómo has…?
—Bueno, es fácil de saber si piensas un poco. —admití encogiéndome de hombros—. Es un level one muy poco común, cierto, pero solo hay que saber un poco sobre la luz y el resto viene solo.

Sonrió levemente, retomando parte de su orgullosa porte.

—Ja, ignorante. No es un level one, es un level two.
—¿Un level two? —pregunté, extrañada.
—No hago que mis células reflejen la luz, como sería si fuera un level one. Algunos elementales de luz lanzan destellos, otros resplandecen… yo desvío la luz de mi alrededor —explicó, apartando su melena de nuevo, aún con la sonrisa en la boca—. Claro que todo lo demás sería pan comido para mí.
—Vaya... bueno, eso no cambia el hecho de que…
—Perdonad que las moleste, señoritas —me interrumpió una voz de repente.

Sentí una mano en el hombro y di un súbito respingo. A mi lado, la elemental de luz hizo lo mismo y me miró con cara completamente aterrada. Una sensación de miedo comenzó a esparcirse por mi cuerpo.

—Bueno, bueno, damitas… ¿no deberían estar en clase?

Me giré lentamente. Un hombre semi-calvo con pelo negro por la parte de atrás y a los lados de la cabeza recibió mi mirada mientras sonreía inocentemente con los ojos entrecerrados. Sus facciones eran extrañas, jóvenes pero a la vez ancianas. Cuando abrió los párpados, unas pupilas moradas recibieron nuestros rostros. Bajé la vista ante la autoridad que desprendían sin proponérselo —o tal vez fuera intencional— y me fijé en su traje, una camisa blanca con corbata a juego con unos pantalones de traje grises. No hubiera sido nada extraño… de no ser porque aquel hombre estaba sosteniendo una bola de metal. Con una tercera mano que surgía de la nada en el aire. Y no era la única. Tres o cuatro más se hallaban detrás de él.

—El primer día de clase, llegan tarde… ¿y se ponen a hablar en mitad del recreo? Parece que tenemos un par de alumnas interesantes.
—Yo… e-esto… —la chica de luz parecía estar teniendo serios problemas para decir palabra. No la culpaba. Había algo raro rodeándome, oprimiendo mi cuerpo. Una sensación de inseguridad y temor demasiado extraña como para ser natural. ¿El poder de un elemento?

Repentinamente, toda esa presión desapareció, así como el profesor detrás nuestro. Miramos hacia delante y, de improviso, allí se encontraba él, con su calva brillando bajo el sol y alzando una mano indicando que le siguiésemos. Y con solo dos brazos. Y una bola de acero arrastrándose. ¿Cuánta fuerza debía tener ese tipo para arrastrarla por el suelo sin parecer que hacía un esfuerzo?

No lo pensé dos veces. Había olvidado la hora que era y no quería perder más el tiempo, así que le seguí. Mi recién conocida compañera de instituto hizo lo mismo tras unos segundos sin saber cómo reaccionar. Llegamos las dos a la puerta de cristal del instituto que separaba el recreo del edificio y el extraño hombre sacó un juego de llaves con el que abrió y nos dejó pasar. Una vez dentro, nos indicó que subiésemos a clase mientras él volvía a cerrar la puerta.
Si no recordaba mal, la mía era la clase 10-J, la correspondiente a mi edad, dieciséis años. Me encontré subiendo por unas escaleras ocres aleatorias, cuando me percaté de que la chica rubia me seguía, a mis espaldas.

“Irá al mismo piso” —pensé.

Y, efectivamente, cuando llegué al tercer piso del colegio, ella hizo lo mismo que yo y se metió por el pasillo. Sin embargo, lo hizo por el que me había metido y se detuvo ante la misma puerta. 10-J.

—¿Qué? —me dijo cuando la miré, encogiéndose de hombros—. Yo también voy aquí.

Suspiré y abrí la puerta. Una mar de rostros nuevos me recibió. Nos recibió. Un mar bastante pequeño, para ser sincera. Los conté rápidamente. Apenas eran ocho o nueve personas, once con nosotras dos. La clase 10-J contaba con once personas si nadie más se había retrasado. Cosa bastante improbable, contando que pasaban diez minutos de la hora programada para entrar. Me senté en el primer sitio que vi libre, uno que extrañamente hacía un hueco en una fila y mi ahora compañera de clase hizo lo mismo. Los demás retomaron sus conversaciones, aunque en general estaba todo bastante calmado. Delante de mí, una chica con el pelo negro, ligeramente agrisado, suelto hasta los hombros estaba sentada tranquilamente, recostada sobre su mano, apoyada en la cara con pinta de aburrida. Detrás, un chico pelirrojo con el pelo corto, al que podía distinguir una camiseta negra y unos pantalones vaqueros azules jugueteaba con un lápiz con la mirada perdida al horizonte, de pupilas granates. A su izquierda, una chica de pelo blanco liso y corto, y de ojos celestes, hablaba animadamente con un chico sentado enfrente de ella con que llevaba una camiseta marrón clarito que hacía juego con su pelo moreno ligeramente rizado y el flequillo que le caía por la frente. Sus profundos ojos marrones dejaban entrever que estaba divirtiéndose con la conversación, mientras que a la derecha, se sentó la chica que había conocido en el patio.

De repente, un portazo acaparó la atención de todos.

—Siento llegar tarde, clase. He tenido algunos problemas y…

Abrí la boca de repente. La elemental de luz hizo lo mismo. Y el profesor se calló en cuanto nos vio a las dos ahí. Se reajustó la corbata que llevaba encima de la camisa y tosió para aclarar la voz a la vez que alzaba la mirada al frente. Sus pupilas moradas recorrieron la habitación e hizo que me diera un escalofrío cuando llegó a mí.

—Mi nombre es Scar Palmazo. Podéis llamarme Scar. Y soy… —a la vez que dejaba la frase en el aire imitando a una pausa teatral, una docena de manos aparecieron detrás suya—…elemental de espectro. Vuestro tutor y profesor de filosofía y lengua, de la modalidad que habéis elegido en las optativas, que no es otra que humanidades.

Inclinó levemente el cuerpo, haciendo una reverencia, poniendo un brazo a su espalda y otro doblado en el torso, inclinándose como quien presenta el comienzo de una gigantesca obra de teatro.

—Bienvenidos al Instituto privado Estrella del Norte. Bienvenidos a la clase 10-J.

La clase no sabía cómo reaccionar. Yo tampoco. Un leve aplauso se oyó por las primeras filas y aumentó hasta las zonas circundantes, y así sucesivamente. Al final, todos acabamos aplaudiendo. No fue un escándalo demasiado grande debido a la poca cantidad de personas que éramos, pero a Palmazo pareció gustarle, porque se rascó la parte de atrás de la cabeza con una sonrisa en la boca y un ligero sonrojo. Tosió para llamar la atención, y tras disculparse de nuevo por llegar tarde y dirigirnos un par de llamadas de reojo, sacó del cajón del escritorio una lista de clase.

—Este año hemos tenido pocos que se han apuntado a humanidades. Normalmente los de ciencias tienen más personas, pero… este año la diferencia se palpa mucho más —admitió—. En todo caso, es algo bueno. Contra menos seamos, más divertido será dar clase porque podremos hacer más cosas —declaró sonriendo.

El resto no estábamos demasiado convencidos. El Instituto Estrella del Norte era bastante prestigioso, a pesar de no contar con una larga trayectoria… pero la modalidad de humanidades no tenía demasiado reconocimiento, por lo que parecía.

—Ya que somos pocos —retomó el profesor—, ¿qué os parece si salís vosotros mismos y os vais presentando? Ya sabéis, nombre, elemento, gustos… cosas así. ¿Os parece? Empezamos por ahí, venga. La rubia de la coleta. ¿Puedes salir?

La elemental de luz emitió un suspiro que dejaba claro que no le hacía ninguna gracia ser la primera. Se levantó pesadamente y llegó al lado del profesor. Miró al frente, pero se quedó sin palabras. Repasó la clase con la mirada y tragó saliva.

—Yo… yo… me lla-llamo…

Cerró los ojos y pareció que maldecía por dentro, mientras apretaba los puños.

—¡Lucet! —exclamó de repente, alzando un brazo y apoyando el otro en su cadera. Todo su cuerpo temblaba—. ¡Mi nombre es Lucet Brisllane! ¡La “elle” se pronuncia como “ele”, así que no lo digáis mal! ¡Elemental de luz! ¡No lo olvidéis!

Y tras su presentación de cinco segundos, volvió a paso veloz a su asiento, se clavó en la silla y apartó la mirada hacia la pared que había a su derecha. La clase se quedó en silencio, hasta que el profesor volvió a hablar.

—Bueno… ¿el siguiente, por favor?

Las presentaciones siguieron con rapidez. El siguiente fue un chico llamado Fausto Forga, un elemental de acero bastante musculoso, ancho de espaldas y pelo negro, seguido de otro chico, tirando a bajito que correspondía al nombre de Chrys Talback, quien con una corta y efímera presentación diciendo básicamente que era elemental de cristal, acabó con su fila de tres personas, pasando a la mía. La chica que estaba la primera en la fila, hiperactiva como no había visto a nadie nunca, pues no paraba de moverse y dar saltitos, se presentó como Luna Unoseis. Llevaba un vestido blanco con una torera gris por encima y unos shorts vaqueros también grises junto con unas mallas debajo. Y, según dijo, era elemental de…

La clase entera emitió un murmullo de asombro. ¿De verdad… existía un elemento como ese? El único que no pareció demasiado sorprendido fue el profesor, que la miró con una sonrisa en la boca.

“¿Cuánto había vivido ese elemental de espectro para no sobresaltarse?” —dije para mí misma.

Tras sentarse dando saltitos en su sitio, nos quedamos todos sin saber qué decir, pero la chica de enfrente de mí se levantó, dispuesta a retomar las presentaciones. Llevaba una especie de jersey gris de lana sin apenas cuello, dejando ver su piel de un tono pálido. Sus ojos grises estudiaron al resto de la clase.

—Me llamo Grafía Orecipal pero llamadme Grafy. Es como me llamaban antes de venir aquí. Soy elemental de grafito. Eso es todo.

Con un porte elegante y mirada calmada, volvió a su sitio. El profesor me miró, indicándome que era mi turno. Con los nervios en el estómago, salí de mi sitio. Observé las caras de los que ahora sería mis compañeros de clase. Hasta ahora, solamente se habían presentado la mitad. Los repasé mentalmente: Lucet, elemental de luz, la chica que me había encontrado en el patio, Fausto, el musculoso de acero, Chrys, el bajito de cristal, Luna, elemental de… no, todavía no me lo creía. Necesitaba verlo con mis propios ojos. Pero de ser cierto, sería realmente fascinante.

Y por último, esa chica. Grafy, elemental de grafito. En cuanto posé mi mirada en ella, me sonrió amigablemente. Eso bastó para quitarme los nervios de encima. Alcé la cabeza, contenta de poder empezar mi primer día de instituto.

—¡Mi nombre es Sora Cieloclaro! ¡Soy elemental de nube! ¡Encantada de conoceros!

Estaba segura de que este curso iba a ser muy interesante.


¡Gracias por leer! ^^



Ultima edición por Sunset el Mar Ago 06, 2013 11:26 am; editado 2 veces

Skarus Mensaje Jue Jul 18, 2013 10:41 pm
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Título del mensaje:
¡O lalá!
De momento me ha encantado el prólogo del fanfic que viene siendo una historia alterna en el mismo mundo de 5E.
Tu forma de relatar me gusta bastante, espero leer más de ti:3
Si pones el capítulo 1, lo miraré ansiosamente, después me lo leeré (?)

Well, que más decir, ¡Suerte con el proyecto!
Se despide, Skarus.




Mi twitter! FCSkarus
Sunset Mensaje Mar Ago 06, 2013 11:17 am
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Desde: 13 May 2011
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» Skarus escribió:
¡O lalá!
De momento me ha encantado el prólogo del fanfic que viene siendo una historia alterna en el mismo mundo de 5E.
Tu forma de relatar me gusta bastante, espero leer más de ti:3
Si pones el capítulo 1, lo miraré ansiosamente, después me lo leeré (?)

Well, que más decir, ¡Suerte con el proyecto!
Se despide, Skarus.


¡Muchas gracias! ^^
Siento responder tan tarde, pero estaba de viaje y no tenía internet xD En realidad pensaba poner el capítulo antes, pero no ha podido ser. Que conste que no lo he hecho para mantener la tensión (?)

Ya está publicado el capítulo 1 al fin: Lo que precedió a ese día normal y diferente a la vez. Lo dejo tanto aquí como en el post principal. ¡Espero que os guste!

Capítulo 1: Lo que precedió a ese día normal y diferente a la vez



Capítulo 1

Lo que precedió a ese día normal y diferente a la vez



Si hubiera sabido lo que me esperaba al levantarme aquella mañana, probablemente jamás hubiera salido de la cama. Pero no lo sabía, así que aquella mañana del trece de septiembre, tras varios intentos del despertador para sacarme de la comodidad de mi búnker de sábanas, tuve que hacer acopio de mi fuerza de voluntad para levantarme. Los párpados me pesaban y la cabeza me dolía ligeramente por la falta de sueño. ¿Hasta qué hora me había quedado ayer admirando el cielo de la colina? No quería saber la respuesta. Y tampoco quería que mis padres la supieran. Después de todo, me escapé de casa cuando ellos no me dejaban salir.

Fui camino al armario a por la ropa que me pondría esa mañana, cuando vi que llevaba puesta la ropa de calle con la que había salido anoche. Suspiré y me cambié pesadamente por algo que no estuviera manchado de hierba, apartando la que llevaba en una esquina para tirarla a lavar en cuanto volviera. Me puse una camiseta azul clarito con una estrella fugaz plateada atravesándola de esquina a esquina y un pantalón blanco, a juego con el reloj digital de muñeca, del mismo color. Acto seguido, me aparté el pelo que se me había metido por el cuello de la camiseta y lo deje caer por mi espalda como una cascada de agua, por su color azul cielo. Cargué al hombro mi mochila y tras pasar como una centella por la cocina y beberme un vaso de leche de forma apurada junto a un par de cookies que me metí en la boca y despedirme de mi padre y mi hermano, emprendí mi carrera hacia el instituto. Mi primer día de instituto. Estaba impaciente.


Polaris era una ciudad curiosa. Lejos de la monotonía de edificios grises clavados sobre pavimento sin vida, sus calles refulgían con luz propia. Había verde por todas partes; árboles, flores y arbustos poblaban cada rincón apartado de las calles, mientras el resto lo ocupaba un gran paseo peatonal. Las farolas azabaches apagadas, situadas a los extremos del mismo, anunciaban que el periodo nocturno se había acabado, a pesar de que la Luna todavía seguía visible en el firmamento en cielo de mañana de aquella ciudad. Las nubes blancas inundaban la visión del mosaico azul. Gigantescos cúmulos anunciaban lluvia próxima, podía sentirlo en mi piel. Miré el reloj, nerviosa. Estaba a cinco minutos de entrar y me faltaba la mitad del camino. Suspiré y observé a mi alrededor. Apenas había gente en la calle, después de todo eran cerca de las ocho de la mañana. Inspiré profundamente y al instante sentí como si todo mi cuerpo se cargara de energía. Cerré los ojos y me lleve las manos al pecho. No existía nada a mi alrededor, excepto el aire.

El aire. En él, arrastra agua, gotas suspendidas en el ambiente, tan pequeñas que son imposibles de ver, de observar. Pero al igual que muchas cosas de este mundo, están ahí.

—¡Cuerpo neblinoso! LEVEL ONE!

Me sentí ligera, libre. Siempre me pasaba igual. Tenía los ojos cerrados, pero podía sentir cada parte de mi cuerpo desprenderse de mi ser y adquirir una nueva forma. La sensación, como siempre, era extraña. Primero un ligero cosquilleo al que seguía el sentir como mis miembros desaparecían y eran remplazados por una masa liviana y grácil, a pesar de en todo momento seguían allí. Ese pequeño impulso seguía subiendo por mi espalda y llegaba hasta el cerebro, donde se intensificaba y sacudía ligeramente mi cuerpo, todo en menos de un segundo a ojos de los espectadores casuales, pero para mí parecían minutos enteros. Abrí los ojos. Mis manos y todo mi cuerpo en sí mismo se había vuelto blanco y esponjoso. Eran una nube. Yo era una nube. Di un paso y detuve mi pie en el aire. Otro con la otra pierna, que alcanzó al primero. Sin embargo, ninguno de los dos descendió. Y otro paso hacia arriba, y otro, y otro, y otro… Ascendía por el aire en una escalinata invisible hacia el cielo. Si pasaba por encima de las calles y edificios podría llegar al instituto a tiempo sin problemas.

Corrí y corrí por el cielo. Era algo único que había podido experimentar hacía poco, cuando aprendí a dominar mis poderes como elemental. Antes de venir aquí, iba a un colegio privado donde me había iniciado en la escuela de los cinco niveles, pero mi curiosidad me empujaba más allá. Quise saber más sobre mí, sobre mi elemento, sobre el mundo. Y eso me llevó a recorrer cientos, miles de bibliotecas, archivos y tomar apuntes y notas sobre todo lo que me rodeaba hasta quedar exhausta. Y, finalmente, había conseguido dominar mi level one de una forma en la que solamente yo era capaz. No importa que tu elemento sea común o no. Lo que importa es usarlo de una manera que sea única, solamente tuya. Ahí es donde está el verdadero poder. O al menos, eso decía mi madre.


Al final, vislumbré el gran edificio que era el instituto, rodeado por una gran pared de ladrillo y una verja cerrada, o más bien, que se acababa de cerrar. No había llegado a tiempo.
Decidí que lo mejor sería saltarla y tratar de llegar a la puerta, atravesando el patio de recreo, así que caminé por encima de ella e hice desaparecer mi forma nubosa cuando estuve a suficiente altura del suelo, pero apenas hube vuelto de nuevo a mi estado normal, cuando sentí algo raro, sólido, en mi pie, en mitad del aire, seguido de un profundo quejido. Caí a peso a la superficie del patio y observé que seguía sosteniéndome en el aire, algo extraño puesto que no debería ser capaz de hacerlo. De repente, un cuerpo apareció de la nada bajo mis pies.

—¡¿Quieres hacer el favor de quitarte de encima?! Duele, ¿sabes?
—Pe-perdón —tartamudeé por la impresión, disculpándome a modo de acto reflejo, a la vez que me quitaba de su espalda, sobre la que había aterrizado.

Mascullando insultos, se levantó sacudiéndose el polvo y me miró. Era un poco más alta que yo, metro setenta, tal vez. Una melena rubia recogida en una coleta resplandecía con un tono claro a su espalda. El mechón de su frente se balanceó ligeramente cuando alzó la cabeza. Llevaba puesto una camiseta amarillo huevo con bordados por todas partes, cuyo cuello acabado en punta con botones a los laterales dejaba entrever una piel clara y pálida. Sus pantalones vaqueros de amarillo oscuro combinaban con el brillantísimo dorado de sus pupilas y la pulsera blanca de tela que llevaba en uno de sus brazos. Se apartó el pelo que le caía por los hombros y me miró desafiante.

—¿De dónde demonios has salido tú? —dijo rascándose la nuca, estudiándome con la mirada.
—Yo… —señalé hacia arriba con un dedo— …he venido del cielo. Y yo podría preguntarte lo mismo. No había nadie en el patio, ¿de dónde has salido? —añadí con tono de reproche.
—¿Del cielo? Venga ya, como si pudieras volar —contestó prepotente, ignorando mi pregunta, a pesar de que ya me había hecho una idea después del estupor inicial.
—En realidad no es volar… es caminar sobre el aire.

La expresión de su cara denotaba claro escepticismo.

—Verás, el aire tiene en él partículas de agua suspendidas infinitamente pequeñas, tanto que no caen al suelo —expliqué acompañándome de gestos de mis manos—. Es algo parecido a lo que pasa con las nubes. En mi forma nubosa, convierto mi cuerpo en ese tipo de partículas y así puedo caminar por el aire tal como flotan las nubes en el cielo. En realidad, también contiene partículas de polvo y algunos componentes nocivos que…
—Vale, vale, sabionda, me ha quedado claro —contestó con desdén—. Pero por mucha explicación que des, no estoy sorprendida. Simplemente es… inusual. Sí, eso. Es inusual ver elementales caminando por el aire.
—La verdad es que hay poco tráfico ahí arriba, sí. Siempre y cuando no me cuele en un avión.

Silencio.

—Eso… ¿era un chiste?
—Más bien un intento de.
—Me parecía. Como sea, no es tan increíble, si lo comparas con mi habilidad. Es…
—Reflejar la luz, ¿verdad? —corté, impaciente por saber si me teoría era acertada—. Así has logrado tu invisibilidad. Eres una elemental de luz.

Ahora sí que la había dejado completamente atónita. Me observaba con la mirada como platos. ¿Tan raro era que lo hubiera adivinado así de deprisa? A mí no me parecía gran cosa.

—¿Cómo…? ¿Cómo has…?
—Bueno, es fácil de saber si piensas un poco. —admití encogiéndome de hombros—. Es un level one muy poco común, cierto, pero solo hay que saber un poco sobre la luz y el resto viene solo.

Sonrió levemente, retomando parte de su orgullosa porte.

—Ja, ignorante. No es un level one, es un level two.
—¿Un level two? —pregunté, extrañada.
—No hago que mis células reflejen la luz, como sería si fuera un level one. Algunos elementales de luz lanzan destellos, otros resplandecen… yo desvío la luz de mi alrededor —explicó, apartando su melena de nuevo, aún con la sonrisa en la boca—. Claro que todo lo demás sería pan comido para mí.
—Vaya... bueno, eso no cambia el hecho de que…
—Perdonad que las moleste, señoritas —me interrumpió una voz de repente.

Sentí una mano en el hombro y di un súbito respingo. A mi lado, la elemental de luz hizo lo mismo y me miró con cara completamente aterrada. Una sensación de miedo comenzó a esparcirse por mi cuerpo.

—Bueno, bueno, damitas… ¿no deberían estar en clase?

Me giré lentamente. Un hombre semi-calvo con pelo negro por la parte de atrás y a los lados de la cabeza recibió mi mirada mientras sonreía inocentemente con los ojos entrecerrados. Sus facciones eran extrañas, jóvenes pero a la vez ancianas. Cuando abrió los párpados, unas pupilas moradas recibieron nuestros rostros. Bajé la vista ante la autoridad que desprendían sin proponérselo —o tal vez fuera intencional— y me fijé en su traje, una camisa blanca con corbata a juego con unos pantalones de traje grises. No hubiera sido nada extraño… de no ser porque aquel hombre estaba sosteniendo una bola de metal. Con una tercera mano que surgía de la nada en el aire. Y no era la única. Tres o cuatro más se hallaban detrás de él.

—El primer día de clase, llegan tarde… ¿y se ponen a hablar en mitad del recreo? Parece que tenemos un par de alumnas interesantes.
—Yo… e-esto… —la chica de luz parecía estar teniendo serios problemas para decir palabra. No la culpaba. Había algo raro rodeándome, oprimiendo mi cuerpo. Una sensación de inseguridad y temor demasiado extraña como para ser natural. ¿El poder de un elemento?

Repentinamente, toda esa presión desapareció, así como el profesor detrás nuestro. Miramos hacia delante y, de improviso, allí se encontraba él, con su calva brillando bajo el sol y alzando una mano indicando que le siguiésemos. Y con solo dos brazos. Y una bola de acero arrastrándose. ¿Cuánta fuerza debía tener ese tipo para arrastrarla por el suelo sin parecer que hacía un esfuerzo?

No lo pensé dos veces. Había olvidado la hora que era y no quería perder más el tiempo, así que le seguí. Mi recién conocida compañera de instituto hizo lo mismo tras unos segundos sin saber cómo reaccionar. Llegamos las dos a la puerta de cristal del instituto que separaba el recreo del edificio y el extraño hombre sacó un juego de llaves con el que abrió y nos dejó pasar. Una vez dentro, nos indicó que subiésemos a clase mientras él volvía a cerrar la puerta.
Si no recordaba mal, la mía era la clase 10-J, la correspondiente a mi edad, dieciséis años. Me encontré subiendo por unas escaleras ocres aleatorias, cuando me percaté de que la chica rubia me seguía, a mis espaldas.

“Irá al mismo piso” —pensé.

Y, efectivamente, cuando llegué al tercer piso del colegio, ella hizo lo mismo que yo y se metió por el pasillo. Sin embargo, lo hizo por el que me había metido y se detuvo ante la misma puerta. 10-J.

—¿Qué? —me dijo cuando la miré, encogiéndose de hombros—. Yo también voy aquí.

Suspiré y abrí la puerta. Una mar de rostros nuevos me recibió. Nos recibió. Un mar bastante pequeño, para ser sincera. Los conté rápidamente. Apenas eran ocho o nueve personas, once con nosotras dos. La clase 10-J contaba con once personas si nadie más se había retrasado. Cosa bastante improbable, contando que pasaban diez minutos de la hora programada para entrar. Me senté en el primer sitio que vi libre, uno que extrañamente hacía un hueco en una fila y mi ahora compañera de clase hizo lo mismo. Los demás retomaron sus conversaciones, aunque en general estaba todo bastante calmado. Delante de mí, una chica con el pelo negro, ligeramente agrisado, suelto hasta los hombros estaba sentada tranquilamente, recostada sobre su mano, apoyada en la cara con pinta de aburrida. Detrás, un chico pelirrojo con el pelo corto, al que podía distinguir una camiseta negra y unos pantalones vaqueros azules jugueteaba con un lápiz con la mirada perdida al horizonte, de pupilas granates. A su izquierda, una chica de pelo blanco liso y corto, y de ojos celestes, hablaba animadamente con un chico sentado enfrente de ella con que llevaba una camiseta marrón clarito que hacía juego con su pelo moreno ligeramente rizado y el flequillo que le caía por la frente. Sus profundos ojos marrones dejaban entrever que estaba divirtiéndose con la conversación, mientras que a la derecha, se sentó la chica que había conocido en el patio.

De repente, un portazo acaparó la atención de todos.

—Siento llegar tarde, clase. He tenido algunos problemas y…

Abrí la boca de repente. La elemental de luz hizo lo mismo. Y el profesor se calló en cuanto nos vio a las dos ahí. Se reajustó la corbata que llevaba encima de la camisa y tosió para aclarar la voz a la vez que alzaba la mirada al frente. Sus pupilas moradas recorrieron la habitación e hizo que me diera un escalofrío cuando llegó a mí.

—Mi nombre es Scar Palmazo. Podéis llamarme Scar. Y soy… —a la vez que dejaba la frase en el aire imitando a una pausa teatral, una docena de manos aparecieron detrás suya—…elemental de espectro. Vuestro tutor y profesor de filosofía y lengua, de la modalidad que habéis elegido en las optativas, que no es otra que humanidades.

Inclinó levemente el cuerpo, haciendo una reverencia, poniendo un brazo a su espalda y otro doblado en el torso, inclinándose como quien presenta el comienzo de una gigantesca obra de teatro.

—Bienvenidos al Instituto privado Estrella del Norte. Bienvenidos a la clase 10-J.

La clase no sabía cómo reaccionar. Yo tampoco. Un leve aplauso se oyó por las primeras filas y aumentó hasta las zonas circundantes, y así sucesivamente. Al final, todos acabamos aplaudiendo. No fue un escándalo demasiado grande debido a la poca cantidad de personas que éramos, pero a Palmazo pareció gustarle, porque se rascó la parte de atrás de la cabeza con una sonrisa en la boca y un ligero sonrojo. Tosió para llamar la atención, y tras disculparse de nuevo por llegar tarde y dirigirnos un par de llamadas de reojo, sacó del cajón del escritorio una lista de clase.

—Este año hemos tenido pocos que se han apuntado a humanidades. Normalmente los de ciencias tienen más personas, pero… este año la diferencia se palpa mucho más —admitió—. En todo caso, es algo bueno. Contra menos seamos, más divertido será dar clase porque podremos hacer más cosas —declaró sonriendo.

El resto no estábamos demasiado convencidos. El Instituto Estrella del Norte era bastante prestigioso, a pesar de no contar con una larga trayectoria… pero la modalidad de humanidades no tenía demasiado reconocimiento, por lo que parecía.

—Ya que somos pocos —retomó el profesor—, ¿qué os parece si salís vosotros mismos y os vais presentando? Ya sabéis, nombre, elemento, gustos… cosas así. ¿Os parece? Empezamos por ahí, venga. La rubia de la coleta. ¿Puedes salir?

La elemental de luz emitió un suspiro que dejaba claro que no le hacía ninguna gracia ser la primera. Se levantó pesadamente y llegó al lado del profesor. Miró al frente, pero se quedó sin palabras. Repasó la clase con la mirada y tragó saliva.

—Yo… yo… me lla-llamo…

Cerró los ojos y pareció que maldecía por dentro, mientras apretaba los puños.

—¡Lucet! —exclamó de repente, alzando un brazo y apoyando el otro en su cadera. Todo su cuerpo temblaba—. ¡Mi nombre es Lucet Brisllane! ¡La “elle” se pronuncia como “ele”, así que no lo digáis mal! ¡Elemental de luz! ¡No lo olvidéis!

Y tras su presentación de cinco segundos, volvió a paso veloz a su asiento, se clavó en la silla y apartó la mirada hacia la pared que había a su derecha. La clase se quedó en silencio, hasta que el profesor volvió a hablar.

—Bueno… ¿el siguiente, por favor?

Las presentaciones siguieron con rapidez. El siguiente fue un chico llamado Fausto Forga, un elemental de acero bastante musculoso, ancho de espaldas y pelo negro, seguido de otro chico, tirando a bajito que correspondía al nombre de Chrys Talback, quien con una corta y efímera presentación diciendo básicamente que era elemental de cristal, acabó con su fila de tres personas, pasando a la mía. La chica que estaba la primera en la fila, hiperactiva como no había visto a nadie nunca, pues no paraba de moverse y dar saltitos, se presentó como Luna Unoseis. Llevaba un vestido blanco con una torera gris por encima y unos shorts vaqueros también grises junto con unas mallas debajo. Y, según dijo, era elemental de…

La clase entera emitió un murmullo de asombro. ¿De verdad… existía un elemento como ese? El único que no pareció demasiado sorprendido fue el profesor, que la miró con una sonrisa en la boca.

“¿Cuánto había vivido ese elemental de espectro para no sobresaltarse?” —dije para mí misma.

Tras sentarse dando saltitos en su sitio, nos quedamos todos sin saber qué decir, pero la chica de enfrente de mí se levantó, dispuesta a retomar las presentaciones. Llevaba una especie de jersey gris de lana sin apenas cuello, dejando ver su piel de un tono pálido. Sus ojos grises estudiaron al resto de la clase.

—Me llamo Grafía Orecipal pero llamadme Grafy. Es como me llamaban antes de venir aquí. Soy elemental de grafito. Eso es todo.

Con un porte elegante y mirada calmada, volvió a su sitio. El profesor me miró, indicándome que era mi turno. Con los nervios en el estómago, salí de mi sitio. Observé las caras de los que ahora sería mis compañeros de clase. Hasta ahora, solamente se habían presentado la mitad. Los repasé mentalmente: Lucet, elemental de luz, la chica que me había encontrado en el patio, Fausto, el musculoso de acero, Chrys, el bajito de cristal, Luna, elemental de… no, todavía no me lo creía. Necesitaba verlo con mis propios ojos. Pero de ser cierto, sería realmente fascinante.

Y por último, esa chica. Grafy, elemental de grafito. En cuanto posé mi mirada en ella, me sonrió amigablemente. Eso bastó para quitarme los nervios de encima. Alcé la cabeza, contenta de poder empezar mi primer día de instituto.

—¡Mi nombre es Sora Cieloclaro! ¡Soy elemental de nube! ¡Encantada de conoceros!

Estaba segura de que este curso iba a ser muy interesante.



Madnu ArrozBlanco Mensaje Mar Ago 06, 2013 3:57 pm
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Muy bueno, realmente tienes talento para la narración

He de reconocer que la historia está interesante, y me parece genial que la protagonista sea una elemental de un elemento tan poco "explotado", actualmente, como es el elemento Nube

PD: ¿¡De que elemento es Luna Unoseis!?...¡AAAAAAAH!...Estúpida tensión argumental


PD2: ¿Te replantearías meter un apuesto elemental de Arroz en tu historia?





Sunset Mensaje Mar Ago 06, 2013 10:59 pm
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» Madnu ArrozBlanco escribió:
Muy bueno, realmente tienes talento para la narración

He de reconocer que la historia está interesante, y me parece genial que la protagonista sea una elemental de un elemento tan poco "explotado", actualmente, como es el elemento Nube

PD: ¿¡De que elemento es Luna Unoseis!?...¡AAAAAAAH!...Estúpida tensión argumental


PD2: ¿Te replantearías meter un apuesto elemental de Arroz en tu historia?


Sip, no quería al típico protagonista de elemento predecible xD
Gracias por pasarte y por el comentario :3

PD: Yo solo digo que Luna mola aunque lo diga su creador (?) xD
PD2: No te digo que no lo vaya a hacer en un futuro (?) Si lo necesito podría hacerlo, de todas formas lo que más va a abundar por aquí son elementos raros, so... xD


Verion Mensaje Mie Ago 07, 2013 2:01 am
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» Cita:
Alpha Ursae Minoris. La estrella polar. Durante mucho tiempo, considerada la primera estrella que aparece en el firmamento.


Esta primera línea no está mal, pero la verdad no me parece algo memorable. Al leer tu texto me di cuenta de que no caes en la mayoría los errores que comenten los principiantes; estoy segura de que sabes que la primera línea de texto es lo que enganchará a tus lectores. Prueba a cambiarla, de modo que, si sólo citas el primer renglón, una persona que no sepa nada de tu fic reconozca que es muy original e inteligente. Buenos ejemplos de libros famosos (tienen su traducción oficial en español, pero sólo los sé en inglés, así que lo que escriba puede ser ligeramente distinto, pero la idea es la misma):

"Mamá murió hoy. O ayer, no estoy seguro." (The Stranger)
"Era un día helado de abril, y los relojes marcaban las trece horas." (1984)
"Si le fueras a dar una medalla a la persona menos encantadora de la tierra, se la tendrías que dar a Carmelita Spats, y si no se la dabas, ella era la clase de persona que te la arrancaría de las manos de todas formas." (Austere Academy)
"Había un niño llamado Eustaquio Clarence Scrubb, y casi se lo merecía."
"Todo esto pasó, más o menos." (Staughterhouse Five)
"¿Justicia? Tienes justicia en el otro mundo, en éste sólo hay la ley."

También hay errores de puntuación en el texto, aunque no muy graves. No dominas completamente el punto y coma.
» Cita:

Después de todo, la luz que inicia la marcha de las estrellas hasta nuestro cielo no es una estrella en sí, si no un planeta; Venus.

» Cita:

Después de todo, la luz que inicia la marcha de las estrellas hasta nuestro cielo no es una estrella en sí, sino un planeta: Venus.


Te recomiendo que los pensamientos los pongas en itálicas, aunque esto es más de gusto personal. Estoy acostumbrada a leer diálogos entrecomillados, de modo que pensé que lo estaban diciendo.
» Cita:

Me semi-incorporé, agarrando mi bolsa de acampada y abriéndola rápidamente. Saqué una gigantesca manta color bermellón y la desdoblé levantándome del suelo, aún algo cansada, para extenderla sobre el tapiz verde oscuro que era la hierba en esos instantes a causa de la penumbra del lugar.


Cuando describas cosas, intenta no decir el color (a menos que sea importante, como las playeras de Star Trek). El color es de las maneras más débiles de describir.

» Cita:
Me semi-incorporé, agarrando mi bolsa de acampada y abriéndola rápidamente. Saqué una gigantesca manta color bermellón y la desdoblé levantándome del suelo, aún algo cansada, para extenderla sobre el tapiz verde oscuro que era la hierba en esos instantes a causa de la penumbra del lugar.
Ni una sola luz alumbraba aquel sitio. No había farolas, no había linternas, no había nada. Ni siquiera Luna que iluminara los senderos de bajada de aquel lugar. En otros momentos, tal vez me hubiera molestado, pero esta vez no había razón. Mis ojos finalmente se habían acostumbrado a la oscuridad, y eso era todo lo que necesitaba.


Aquí no sé qué hiciste. Saltas renglón después de cada párrafo, pero aquí no.

» Cita:
—no demasiado cómoda, debo decir—

¿Hay algo que pueda ser demasiado cómodo? ¿Algo demasiado cómodo se vuelve incómodo? Entonces no hay manera de que se vuelva cómodo. Hay ciertas palabras que estamos acostumbrados a no usar correctamente, como "bastante" y "demasiado".

En general está bastante bien. No me gusta leer descripciones, pero a la mayoría de la gente le encantan, así que no puedo decir nada de esto. Lo único que puedo agregar es que la gente suele saltarse el prólogo, y lo mejor es iniciar en el primer capítulo.




Hisoka, you walk in front!
Madnu ArrozBlanco Mensaje Jue Ago 08, 2013 9:46 am
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» Sunset escribió:
PD2: No te digo que no lo vaya a hacer en un futuro (?) Si lo necesito podría hacerlo, de todas formas lo que más va a abundar por aquí son elementos raros, so... xD


Genial, estoy ansioso por ver el siguiente capítulo *^* Elementos raros, elementos raros

Oh, vaya, que hará este atractivo elemental por aqui:

No es una indirecta, ni nada de eso





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